Más allá de las modificaciones físicas que se le puedan hacer a los cruceros, la incertidumbre respecto de su futuro yace en el modelo de negocio y la alta dependencia de los puertos de recalada que han sustentado sus economías en el turismo garantizado de los buques de pasajeros. La pandemia obliga a la industria de cruceros a repensar cómo reconstruir su imagen -y el negocio- frente a un universo de consumidores que simplemente ya no confía en la capacidad de los cruceros de mantenerlos a salvo: 600 usuarios encuestados en Reino Unido y Australia revelaron que 47% no confía en los cruceros en caso de emergencia y 67% es menos propenso a escoger cruceros como alternativa de vacaciones por la pandemia, según revela un artículo de Skift.com, diario electrónico internacional enfocado en las industrias del turismo, restaurantes y bienestar.

Y es que la imagen de cruceros con personas atrapadas a bordo hace un año atrás aún nos persigue como una pesadilla que nadie quiere se vuelva a hacer realidad. Sin embargo, a pesar de ese año para el olvido, la industria se mantiene optimista con reservas para 2022 que incluso sobrepasarían las de 2019. Las vacunas son la luz de esperanza en la cual se sustentan estos planes para el futuro, pero ¿qué pasa con la proyección de un negocio que ha visto su fragilidad ante un microscópico virus?.

Requisitos para la reactivación

Mientras aún hay un debate entre los requisitos para reanudar los viajes de cruceros, como acreditar vacunación por parte de tripulación y pasajeros, hay compañías que no están considerando esta alternativa como necesaria. Lo cierto es que mientras no haya un acuerdo para un estándar a nivel de industria difícilmente los cruceros volverán a recalar en las costas de los puertos sedientos de sus pasajeros. Algunas compañías han iniciado operaciones en trayectos limitados con pasajeros de una misma zona y sin recaladas fuera de esa área, pero no es suficiente como para llamarla una ‘reactivación’ de la actividad, pues las restricciones sanitarias de algunos países frenan la operación a nivel internacional, aumentando la incertidumbre y profundizando las deudas de una industria avaluada en US$60.000 millones y que lleva más de un año completamente detenida.     

Repensar la industria 

La industria de cruceros ha ido aumentando en tamaño, no solo en volumen de pasajeros sino en sus naves, que cada vez son más grandes, con profundos calados e imponentes alturas. Si bien hay economías que se sustentan en el turismo y la industria de cruceros es una gran responsable de esa actividad comercial, las grandes hordas de pasajeros que descienden de los buques cada semana también suelen abrumar a las comunidades locales que muchas veces no saben cómo conciliar sus rutinas con los turistas que están en sintonías completamente antagónicas a las de los habitantes a costa de souvenirs, tours y experiencias propias de las vacaciones. Ciudades del Caribe, islas pequeñas azotadas por la falta de turistas que tanto ‘ensuciaban’ su paisaje… es contradictorio que extrañen eso mismo que hace uno tiempo tanto los incomodaba.

En Alaska, Estados Unidos, la ciudad de Juneau llevaba ya unos años combatiendo a la industria de los cruceros gigantes, que con sus multitudinarias recaladas sobrepasaba las capacidades del pueblo. Ahora parece un abandonado set de películas que necesita de alguna manera reactivar la presencia de turistas para reactivar su economía que lleva un año sin percibir ingresos. Ya sea con viajes aéreos o incluso retomar recaladas de cruceros de recorridos locales -que no requieran solicitar permiso a la CDC-, pues es necesario y urgente. Pues todo es parte de un mismo sistema: si las grandes líneas de cruceros como Cruise Lines International, Carnival Corporation, Royal Caribbean y MSC Cruises están sufriendo los embates de las repetitivas olas de Covid-19, los operadores más pequeños podrían ‘salvarse’ gracias a rutas más cortas con pasajeros de un solo origen y con recorridos dentro de una misma zona. 

Ejemplo de reinvención: Venecia

Venecia, la mística ciudad flotante lleva años luchando contra la industria de los megacruceros, pues estas grandes embarcaciones tienen un significativo impacto en las condiciones geográficas de la ciudad. Luego de un año sin cruceros -gracias a la pandemia- el gobierno italiano anunció oficialmente que el puerto de Venecia dejará de ser una recalada oficial para buques de pasajeros, la cual se trasladará a Marghera. Sin embargo, la comunidad local de Venecia no ve esta noticia con buenos ojos, pues la exigencia de recalar en el puerto del frente de la bahía no resuelve el problema del tamaño de las embarcaciones y las masivas peregrinaciones de turistas que perturban la vida cotidiana de los venecianos, quienes están preocupados por reorientar los trabajos relacionados con la industria de cruceros hacia labores sustentables y de menor impacto al medio ambiente.  

Un nuevo turismo

Desde Venecia emana una tendencia de reformular el turismo, tomando la momentánea suspensión de la industria debido a las cuarentenas y restricciones sanitarias del Covid-19 como el punto de partida para implementar un nuevo concepto de turismo, uno que considere la «justicia social y ambiental», un turismo más consciente de su impacto de las comunidades y localidades, un turismo más responsable desde su raíz.

Por lo tanto, no es descabellado pensar en que una nueva mentalidad pueda acompañar la reformulación que se está llevando a cabo: preservación cultural por sobre su explotación, respeto por el ambiente, consideración de las costumbres y rutinas locales, apoyo a las actividades económicas del turismo secundarias a los cruceros, pero no a costa de la calidad de vida. A simple vista, podría parecer que sociedades que sustentan su economía sobre la industria del turismo de cruceros se estarían ‘disparando en el pie’ al rechazar desarrollos de infraestructura que traen más y más grandes barcos a sus puertos, pero lo cierto es que estas localidades no quieren terminar con el turismo masivo, sino regularlo, controlarlo, limitarlo a cierto número que no estrese la infraestructura local ni las estructuras sociales.

Desde la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros, CLIA, están llevando a cabo diferentes acciones que apuntan a levantar las restricciones sanitarias, especialmente aquellas impuestas por la CDC en Estados Unidos, para reanudar los viajes internacionales. Al menos dentro de puertos estadounidenses los zarpes y recaladas están autorizados. A estas iniciativas se suman los gigantes de la industria, como Royal Caribbean Group y Norwegian Cruise Line Holdings (NCLH), que hacen un llamado a las autoridades nacionales a levantar las barreras y permitir que los cruceros vuelvan a surcar los mares… solo falta ver si es que los pasajeros se suben.

Por MundoMaritimo

Fuente

قالب وردپرس